Recuperación de la Wehrmacht tras Barbarroja

Efectivos del 3er Panzergruppe en junio de 1941.

Efectivos del 3er Panzergruppe en junio de 1941.

La recuperación de la Wehrmacht tras su derrota durante la Operación Barbarroja que debía derribar la puerta que derrumbaría los cimientos del estado soviético fue impresionante, aunque el nivel al comienzo de la campaña de 1942 no era el mismo que el que tenía al comenzar la Operación Barbarroja en 1941.

Número de soldados en el frente

Es bien sabido que el Ejército Rojo sufrió bajas inimaginables durante los primeros meses de la Gran Guerra Patria, como llaman los soviéticos al frente oriental (denominación alemana y que fue utilizada (y es utilizada, aunque con menos frecuencia) en Occidente). Aun sufriendo tal nivel de bajas, las fuerzas armadas soviéticas ocasionaron 917.985 bajas al ejército alemán desde el 22 de junio de 1941 hasta el 31 de enero de 1942. Estas bajas (a las que había que añadir las sufridas por la Luftwaffe y los estados satélites del Eje) resultaron ser muchísimo más difíciles de reemplazar que las soviéticas.

Para darnos cuenta del verdadero alcance de las cifras aportadas, mientras que al comienzo de Barbarroja las tropas alemanas que combatían a la Unión Soviética eran de más de 3 millones de soldados, en marzo de 1942 el número de soldados había descendido en medio millón, llegando hasta los algo más de 2,5 millones. Además, de las 162 divisiones alemanas en el Este, tan sólo 8 se encontraban a pleno rendimiento.

Aunque en diciembre se llamó a filas a 282.300 hombres, la reconstrucción en cuanto a mano de obra se refiere de las fuerzas alemanas fue del todo incompleta. Si bien hubo divisiones (especialmente de las Waffen SS, Panzer y motorizadas) que recuperaron buena parte de su capital humano, 69 de las 75 divisiones de infantería de los Heeresgruppe Nord y Mitte (Grupo de Ejércitos Norte y Centro) fueron modificadas para tener 6 batallones de infantería en vez de 9 y 3 cañones de artillería por batería en vez de 4.

Material y materias primas

En cuanto a material, la reconstrucción no fue más fácil. En noviembre de 1941 los alemanes ya fundían campanas de iglesias y cilindros de la industria textil para ser capaces de seguir fabricando cableado y casquillos. Otras materias primas fueron también de gran importancia. El petróleo, por ejemplo, era muy escaso incluso a esas alturas de la guerra (en 1942, las flotas de superficie de la Kriegsmarine y la Regia Marina estaban prácticamente paradas y los submarinos vieron reducido su suministro en un 50% debido a la escasez de petróleo [1]), lo cual fue decisivo en la toma de decisiones.

Aunque el General Georg Thomas, jefe de la Oficina de Economía de Guerra y Armamentos, y Albert Speer (sucesor de Thomas tras la muerte de éste) trataron de, primero, convencer a Hitler de que la producción era más importante que la creación de nuevas unidades militares y, segundo, conservar materias primas y poner de acuerdo a agencias rivales (véase la rivalidad entre Porsche y otras manufactureras por la producción de algunos tanques alemanes), no pudieron devolver a la Wehrmacht todo el material perdido. Hasta el 31 de enero de 1942, las fuerzas alemanas perdieron 41.000 camiones, 207.000 caballos [2], 13.600 piezas de artillería, contracarro y morteros y 4.903 aviones. Además, Hitler dudó y en última instancia no dictó la movilización total de la economía.

Dichas pérdidas fueron imposibles de reponer (salvo la Luftwaffe, que comenzó la campaña de 1942 con 2.635 aviones, casi los mismos que desplegaba en 1942, 2.770) y, para más inri, el material a utilizar contra los soviéticos era, en general, el mismo que un año antes. Aunque nuevos cañones y tanques habían sido desarrollados, su entrega al frente estaba siendo tan lenta que pocas unidades pudieron disponer de ellas antes de la ofensiva.

Referencias y fuentes

Glantz, David M. y House, Jonathan M. (2017). A las puertas de Stalingrado. Tetralogía de Stalingrado – Volumen 1. Madrid: Desperta Ferro Ediciones. Pag. 3-7.

[1] Glantz, David M. y House, Jonathan M. (2017). A las puertas de Stalingrado. Tetralogía de Stalingrado – Volumen 1. Madrid: Desperta Ferro Ediciones. Pag. 10.

[2] Hay que tener en cuenta que por muy móvil que fuese la guerra librada en el este, el caballo seguía siendo el transporte más habitual para artillería, intendencia, etc.

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