Orden nº227: “¡Ni un paso atrás!

Sello soviético en honor de la Orden nº227: "¡Ni un paso atrás"

Sello soviético en honor de la Orden nº227: “¡Ni un paso atrás!”

La Orden nº227 dictada por Stalin el 28 de julio de 1942 es, sin duda, la directiva soviética más famosa de la guerra. En la orden llamada “¡Ni un paso atrás!” (“Ni Shagu Nazad!”, en ruso), el dictador soviético hizo hincapié en la necesidad de implantar orden en todas y cada una de las unidades del Ejército Rojo, especialmente tras los nuevos desastres que desde abril de 1942 hasta el día de la publicación de la orden estaban sufriendo las tropas soviéticas.

Contexto

Aunque el Ejército Rojo pudo recomponerse a finales de 1941 y principios de 1942 expulsando a las fuerzas alemanas de los alrededores de Moscú, las operaciones de verano volvieron a ser del todo precipitadas y terminaron en desastre. En mayo comenzaron los desastres con la pérdida de la península de Kerch aunque fue la Segunda batalla de Járkov (Operación de Járkov de 1942, en la historiografía soviética) la que más problemas creó. Sin estar preparados para una operación semejante y con objetivos totalmente utópicos, los Frentes Sudoeste y Sur soviéticos atacaron al 6º Ejército alemán. Aunque en un principio los atacantes fueron capaces de realizar ciertos avances, especialmente en el sur, la contraofensiva del Armeegruppe Kleist y de otras unidades alemanas hizo polvo varios ejércitos soviéticos justo en el eje de ataque de la futura Operación Azul (Blau) que tenía por objetivos el Cáucaso y Stalingrado.

Tras las operaciones de preparación alemanas, a finales de junio comenzó Blau I, llevándose por delante todas las tropas soviéticas involucradas. Lo mismo sucedió en julio con Blau II. A finales de mes, los alemanes se encontraban avanzando al interior de la Gran Curva del Don. Fue en ese momento cuando Stalin decidió publicar la Orden 227.

El contenido de la Orden

La Orden fue esbozada por Aleksandr Vasilevsky, en ese momento Jefe de Estado de las Fuerzas Armadas Soviéticas y futuro mariscal de la Unión Soviética. Aun así, Stalin hizo cambios severos en el contenido de la misma. Stalin explicó así el porqué de la misma: “En enemigo arroja nuevas fuerzas sobre el frente y, a pesar de las crecientes pérdidas, continúa su avance, penetrando en las profundidades de la Unión Soviética, conquistando nuevas regiones, devastando y aniquilando nuestros pueblos y ciudades y violando, robando y asesinando a nuestra población. […] Debemos cortar de raíz cualquier habladuría relativa a la posibilidad de retirarnos sin límite y a que nuestro gran territorio, nuestro gran y rico país y nuestra enorme población y disponibilidad de pan existirán siempre en abundancia […] tales habladurías son falsas y perniciosas y nos debilitan a la vez que fortalecen al enemigo porque, si la retirada no cesa, nos quedaremos sin pan, sin petróleo, sin metales, sin materias primas, sin molinos ni factorías y sin vías ferroviarias. […] ¡Ni un paso atrás! Debemos defender con encono cada posición y cada metro de territorio soviético hasta la última gota de nuestra sangre y aferrarnos a cada palmo de tierra soviética y luchar por ello hasta el final.” (1)

Además, Stalin ordenó formar consejos de guerra a los comandantes que no fuesen lo suficiente duros con los enemigos de la Patria. Así, ordenó también la creación de nuevas compañías y batallones penales: Los Frentes deberían crear entre uno y tres batallones penales de unos 800 soldados mientras que los ejércitos deberían crear entre 5 y 10 compañías penales para situarlos en los lugares más peligrosos del frente.

Para en parte asegurarse que su orden era entendida y llevada a cabo, el dictador creó los denominados destacamentos de bloqueo, que, según el propio Stalin debían “disparar contra los agitadores del pánico y los cobardes sobre la marcha en caso de que produjese un pánico o una retirada no ordenada”. Zhukov se llevaría la palma en cuanto a su aplicación se refiere, pues se conoce que incluyó tanques en dichos destacamentos.

Aun así, el castigo de la cobardía o falta de motivación en combate (conceptos, al igual que el de enemigo de la Patria, que eran utilizados con una facilidad y frialdad espantosas) ya era algo común antes de la orden. De hecho, el miedo a ser clasificado de dicha forma fue determinante durante buena parte de la guerra, pues los comandantes, al temer perder su posición (o incluso su vida) a veces reportaban de manera demasiado optimista, lo que provocaba errores posteriores que acabaron en desastre en muchas ocasiones.

Referencias

(1) Glantz, David M. y House, Jonathan M. (2017). A las puertas de Stalingrado. Tetralogía de Stalingrado – Volumen 1. Madrid: Desperta Ferro Ediciones. Pag. 321-322.

Glantz, David M. y House, Jonathan M. (2017). A las puertas de Stalingrado. Tetralogía de Stalingrado – Volumen 1. Madrid: Desperta Ferro Ediciones. Pag. 91-325.

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